Tareas de Evacuación Médica en Malvinas

Las tareas de Evacuación Médica (MEDEVAC) que estuvieron a cargo del Servicio de Sanidad Argentino durante la Guerra de las Malvinas fueron muy difíciles de realizar.

Debido a las características del terreno en el campo de batalla, muchas veces la Evacuación Médica tuvo que hacerse llevando a los heridos a pie hasta llegar adonde se pudiese acceder con vehículos, algo dificultado por la falta de caminos y el riesgo de que los transportes fuesen detectados por los británicos; además la cantidad disponible de helicópteros era reducida. El suelo de turba era sumamente blando y los vehículos se hundían si se salían del camino, quedando varados. Un problema adicional para realizar la MEDEVAC es que, como los enfrentamientos se producían por la noche, la mayor parte de los heridos en combate debían ser evacuados con los inconvenientes propios de esa situación, pues cualquier luz que se utilizara podía ser detectada por el enemigo, y se carecía de visores nocturnos. Además los Puestos de Socorro debieron instalarse lejos del frente y cerca del Hospital Militar de Puerto Argentino.

Por todo lo expuesto, los combatientes debían ser evacuados por los camilleros desde el lugar en que habían sido heridos hasta el Puesto de Socorro más cercano. Esto a veces obligó a recorrer a pie varios kilómetros a través de terreno accidentado, con la demora consiguiente para brindar atención adecuada, lo que fue muy desfavorable para los casos de mayor gravedad. En los Puestos de Socorro se les daba la atención necesaria para que pudiesen realizar el viaje en ambulancia hasta el Hospital. Este traslado se hacía preferentemente con helicópteros, pero a medida que los británicos fueron adueñándose del control aéreo se fue haciendo más dificultoso. A partir del 20 de mayo debieron suspenderse los traslados en helicópteros, y en algunos casos en que no pudo realizarse la evacuación, los heridos fueron atendidos en el hospital de campaña de los británicos.

La experiencia ha determinado que el tiempo empleado para realizar la MEDEVAC resulta crucial, pues existen tres momentos clave en que esto es determinante para la vida del paciente. Comienza con la celeridad conque puede ser atendido a partir del momento en ser herido, un auxilio que hasta puede ser proporcionado por un compañero durante los minutos que demoren los camilleros en llegar, por ejemplo aplicando presión con la mano sobre una herida para evitar una gran pérdida de sangre.

Las siguientes dos horas que siguen a esos primeros momentos suelen ser llamadas el "período de oro", durante el cual puede aplicarse cirugía de urgencia que permite dar solución a traumatismos que de otro modo causarían la muerte del paciente, como hematomas cerebrales, acumulación de sangre y aire en el espacio pleural, ruptura del bazo o del hígado, fracturas expuestas con peligro de embolia por inclusión de médula ósea en el torrente sanguíneo, o graves hemorragias internas. Además de las muertes que ocurren antes y durante el "período de oro" están las debidas a procesos infecciosos, y que pueden producirse en los días o semanas siguientes al traumatismo. Esas muertes también podrían evitarse con un tratamiento adecuado que se realice a tiempo.

Está comprobado por la Medicina de urgencia que una persona que haya perdido tres cuartas partes de su volumen sanguíneo, otro tanto de la función renal, la mayor parte de la función hepática y la mitad de la función respiratoria, puede sobrevivir y recuperarse si recibe atención adecuada dentro de las dos horas. Las dificultades antes citadas para realizar la MEDEVAC a los soldados argentinos hicieron que se demorara más de seis horas en promedio para trasladarlos desde el frente hasta que pudiesen ser intervenidos quirúrgicamente, lo que dejó sin chance a los heridos con graves traumatismos, que se hubiesen podido salvar de haber sido evacuados con la premura necesaria.

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